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Un australiano en Rosario

Un australiano en Rosario

Salimos a caminar, nuevamente en búsqueda de nuevas historias de viajeros para contarte. Y esta vez conversamos un largo rato con Michael Falk, un australiano de 45 años oriundo de Melbourne, la segunda ciudad más importante de ese país.

Michael está de viaje desde mayo de 2005, luego de un recorrido por Europa llegó a Argentina hace un año: paseó por Puerto Madryn, Gualeguaychú, Victoria y en febrero arribó a Rosario. Estuvo en Argentina dos veces anteriormente, y acerca de sus viajes piensa que “salir a pasear todos los días, a veces es eventualmente aburrido: una gran vista es sólo otra vista, una montaña es otra montaña más… Un viaje es un cambio a mi vida en Australia, en el que puedo conocer un buen lugar”.

Durante sus ocho meses de estadía en Rosario sus actividades más frecuentes son hacer ejercicios, en algunas ocasiones salir por las noches con otros turistas y andar en bicicleta. En el lugar donde se aloja, Rosario Hostel, hubo un grupo de cuatro turistas franceses con los que tenía buena relación, aunque el inconveniente era el idioma, él habla bastante de español pero sus compañeros sólo francés, pero aclara que “no es un impedimento, todo depende, puede haber un turista que también hable inglés y no necesariamente me tiene que agradar”.

Este australiano excéntrico y aventurero tiene una pasión evidente que marcan sus estadías: andar y viajar en bicicleta. Cuenta que en su país casi todos tienen su auto excepto él, que posee muchas bicicletas a las que ha llevado en sus viajes fuera de Austalia para recorrer grandes distancias. “No me gusta ir sentado en un micro muchas horas; además en vez de ir a enormes ciudades o lugares para turistas, prefiero ir en bicicleta a un pueblo pequeño que tal vez no es muy interesante pero donde la gente es increíblemente simpática”, afirma Michael con énfasis.

Luego de pensarlo unos minutos dice que no hay nada específico que no le guste de Rosario, sin embargo en al transcurso de la charla recuerda dos situaciones que no le agradaron. En primer lugar, le parece una ciudad “muy sucia; me encanta que haya perros por todos lados, pero no me gusta la m… de perros en las calles”. Por otro lado, concurrió a una escuela de idiomas para aprender de manera más formal el castellano y “fue inútil, sólo fue una buena oportunidad para los profesores de aprender más del inglés con nosotros, casi no hablábamos en español en las clases. Aunque esto sucede también en otros países”, relata Falk.

Su permanencia de tantos meses en la ciudad le permitió conocerla y apreciarla, sus momentos preferidos son aquellos en los que recorre la ciudad, por supuesto, montado en su bici: “en verano iba a las pileta del Parque Alem que son muy, muy lindas; también iba al Jockey Club, y a veces, llegaba a la ciudad de San Lorenzo en una hora. En bicicleta puedo recorrer cualquier distancia en cualquier época del año”.

A Michael se lo nota relajado pero atento por entendernos, sólo pide que le hablemos lentamente y se esfuerza por expresarse con las palabras adecuadas. Sobre el final de nuestra conversación, nos cuenta que debe obtener otra visa para permanecer en el país ya que piensa quedarse hasta el mes de abril del próximo año, para visitar Salta y Jujuy.

¡Saludos Michael!

 

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